SISTEMA DE DESIGUALDAD Y EXCLUSIÓN.

SISTEMA DE DESIGUALDAD Y EXCLUSIÓN.

Por: Ana Isabel Llinás Velásquez.

En la modernidad, la desigualdad y la exclusión tienen significados completamente diferentes a los de la sociedad del antiguo régimen. Por primera vez en la historia, la igualdad, la libertad y la ciudadanía se han considerado los principios defensores de la vida social. Por tanto, se debe demostrar que la desigualdad y la exclusión son excepciones a los procesos sociales que no reconocen en principio ninguna legalidad.

Hoy día, la única política social legal es una política que defina los medios para minimizar ambos, es decir que haya igual en todos los aspectos dados en la vida cotidiana. Sin embargo, desde el momento en que el paradigma de la modernidad convergió y declinó en el desarrollo del capitalismo, la sociedad moderna comenzó a sobrevivir a la contradicción entre el principio de autonomía (que sigue apuntando a la igualdad y la integración social) y el principio de la regulación.

El gran teórico de la desigualdad en la modernidad capitalista es, sin duda, Marx quien  considera que la relación capital – trabajo es el gran principio de integración social en la sociedad capitalista. La relación capitalista – trabajo es una especie de integración basada en la desigualdad entre capital y trabajo, y una especie de desigualdad de clases basada en la explotación.

Si Marx es un gran teórico de la desigualdad, entonces Foucault es un gran teórico del rechazo. Si la desigualdad es un fenómeno socioeconómico, la exclusión es ante todo un fenómeno cultural y social, un fenómeno de civilización. Este es un proceso histórico en el que la cultura crea prohibiciones a través de las palabras de verdad y las rechaza. Así, la misma cultura establece un límite, y solo cuando se cruza el límite, un lugar atraerá a otro lugar -enfermedades ectópicas- a todos los grupos sociales a los que la sociedad prohíbe llegar, ya sea la locura, el crimen, el crimen o la orientación sexual.

Cada día, las mujeres de todos los países del mundo sufren desigualdad y discriminación. Se enfrentan a situaciones de violencia, abusos y un trato desigual tanto en su hogar, como en su entorno de trabajo y sus comunidades solo por el hecho de ser mujeres. También se les niegan oportunidades para aprender, obtener ingresos, hacer oír su voz y liderar.

Por otro lado, debido a que las responsabilidades domésticas y reproductivas no han disminuido, los sesgos discriminatorios de género, clase, etnia y raza tienden a someterlas casi sin escapatoria a las regulaciones de los diferentes mercados de trabajo (menor salario, inseguridad contractual, reducidas prestaciones, etcétera). La pobreza femenina tiende a multiplicarse en la globalización y, al mismo tiempo, agudiza las desigualdades sociales entre las regiones y los países. Aun con programas diseñados para mitigar dichas desigualdades y exclusión, las mujeres  siguen sometiéndose a relaciones de poder que subyugan sus libertades.

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